Somos unos yonkis del dulce. Comemos cualquier cosa que tenga mucho azúcar. Pero últimamente esas delicias (va por ti Rober) han desaparecido de nuestra lista de la compra. Y ahí han empezado los problemas.
Todo empezó con la nutella. Si habéis leído dos entradas más abajo sabréis cómo nos la tomábamos. Pero todo tiene su final, y el bote se acabó. Pero se acabó hasta el final, porque en momentos de necesidad lo hemos rebañado a base de bien. Tuvimos una semana, o quizá dos que nos conformamos con los curasancitos. Yo estuve en Portugal una semana (desconozco la situación a lo largo de esa semana) y el mismo día que volví, Rober se hizo con una tableta de nuestro nuevo Dios (el olimpo empieza a llenarse), turrón de chocolate Suchard. Que la blanca Navidad ya está cerca. Y ese ha sido el principio del fin.
Empezaron los pactos y favores para que nos diese algún trocito. Y tras el lapsus del fin de semana, Victor y yo hemos vuelto fuertes. Nos hemos armado hasta los dientes, y cada uno tenemos la habitación llena de delicias (otra vez va por ti, Rober). A partir de ahora se abre la caza.
Ya os contaré, pero esto promete ser como las amigables partidas de monopoly entre amigos, donde con los pactos que hacen algunos jugadores, y los chines que se pillan los demás, acaban todos a ostias y jurándose odio eterno
Holaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!!!!
Por favor un minuto de silencio por ese turrón de Suchard q a saber como acabó….ya esta.ese blog!!!enga un beso a todooooos!!!!
me pregunto qué seréis capaces de hacer por una tableta de Milka Chocogalleta. ¿alguien dijo pelea a muerte con una mano atada y una cuchara de palo?