Well, well, well… Hacía tiempo que no visitaba estas tierras. Si alguien sigue leyendo esto se habrá dado cuenta de que llevaba sin actualizarse facilmente dos meses, pero bueno esque no ha habido mucho que contar (mentira, no ha habido ganas de hacerlo).
El caso es que hemos vuelto. Y que os traemos en esta nueva entrega? Pues un reportaje de lo más entretenido sobre nuestra nueva gran afición: las obras.
Desde que llegamos a este piso las obras han sido nuestras compañeras. Durante más de 4 meses todos los vecinos se dedicaron a reformar alguna parte de sus casas, y nosotos convivíamos con albañiles, escayolistas, acuchilladores, fontaeros, antenistas, y demás fauna.
Pero había algo que no nos llenaba. Despertarse con el taladro a todo trapo o los martillazos como si los fuesen a prohibir estaba muy bien, pero no veíamos las obras. Todo eso cambió cuando un buen día, vayaron el parking de debajo de casa. Llegaron los camiones, y las excavadoras. Y los prefabricados de hormigón. Y luego excavadoras y camiones cada vez más grandes, que a su vez hacían agujeros cada vez más grandes. Y ahora estamos viendo crecer a nuestro pequeñín. Nos despertamos cuando están picando roca, y las zanjas cada día son más grandes.
Sinceramente es lo más parecido a un hijo que tenemos en este piso. A veces me pongo a mirar por mi ventana (desde la que tengo una vista privilegiada de nuestra criatura) y me entretengo observándola.
Os dejo con unas fotitos, para que contempléis lo grande que se está haciendo:


